Can Ràfols – Terraprima

Xarel·lo, Riesling. D.O. Penedès.

Fiel representante de la compleja expresión mineral del Garraf.

Xarel·lo procedente de cepas viejas y Riesling, recogida manual. Fermentación tradicional sin la adición de levaduras seleccionadas, con parte del Xarel·lo fermentado en barrica de castaño.

  • Color: amarillo paja.
  • Aroma: fruta blanca fresca, notas florales de hierbas aromáticas y ahumados.
  • Sabor: muestra complejidad y la mineralidad del terroir singular del Garraf. El Xarel·lo aporta estructura y amplitud al vino y el Riesling la finura y profundidad.
  • Maridaje: Verduras a la parrilla, pescado blanco, risottos y arroces cremosos, marida fantásticamente bien con la cocina oriental.

La Bodega: Incrustada en la roca del Garraf

Can Ràfols dels Caus es una de las bodegas más singulares y atractivas de Europa y permite comprender cómo esta propiedad ha convivido en armonía con su entorno desde hace dos mil años.

A los veinticinco años del inicio de su aventura enológica, Carlos Esteva decide dar un gran paso con la construcción de una nueva bodega. El objetivo no era el de dar cabida a más tinas, hectolitros, y botellas, sino el de trabajar mejor. Con este proyecto, se multiplicó el potencial cualitativo, puesto que todo estaba ya orientado a trabajar más a fondo las microvinificaciones, para separar aún más las uvas de las diferentes parcelas, y continuar investigando.

La nueva bodega, ante todo, es una muestra de respeto a un entorno único de alto valor paisajístico, con una arquitectura legada por un pasado histórico. Con este objetivo y cuidando todos los detalles al máximo, se ha diseñado una bodega de vinificación y crianza totalmente incrustada en la roca del Garraf, invisible desde el exterior, completamente integrada en el paisaje y proyectada a diferentes niveles con el fin de facilitar la vinificación por gravedad.

Un poco de historia

En Can Ràfols dels Caus la historia no se cuenta, se percibe.

La finca tiene un pasado milenario. Los documentos más antiguos que se refieren a su existencia se remontan al año 992. Sin embargo, la primera mención a la familia Caus está fechada en 1478.

En efecto, los orígenes la masía fortificada, que ha sido históricamente el epicentro de la actividad de la finca, datan del siglo XV, pero en las proximidades existen elementos arquitectónicos que testimonian el origen romano de esta propiedad.

Justamente, el principal encanto de esta  masía es que ha sido ampliada y modificada a lo largo de los siglos. Así, las piedras de los arcos de la casa principal datan de 1634, mientras que la capilla actual, edificada sobre otra preexistente, tiene un portal del año 1788. Estos elementos, junto a muchísimos otros, dan lugar a una estructura compleja que conserva una prodigiosa armonía con el entorno.

La vocación agrícola de esta propiedad se refleja en el escudo de la casa, conformado por un arado, una azada y una falqueta, utensilio que se empleaba en la vendimia. Este instrumento da fe de una larga tradición vinícola en Can Ràfols dels Caus.

En 1979 Carlos Esteva decide ir a vivir a la finca de su abuelo, Can Ràfols dels Caus.

Sus primeros escarceos con la viticultura tuvieron lugar en Menorca, en la década de 1970, pero no fue hasta que se hizo cargo de la finca familiar cuando decidió implicarse en cuerpo y alma a la producción de vinos de calidad, resaltando las características del paisaje y la arquitectura del lugar en un marco sostenible. La llegada de Esteva al Garraf  supuso toda una revolución: no sólo se aplicó en restaurar la noble masía, que se encontraba en un estado ruinoso, sino que regeneró la explotación de sus viñedos, introduciendo nuevas variedades y métodos de cultivo, apostando por la excelencia vinícola, con un carácter singular y dotando a la bodega de una identidad propia.

Con varias décadas de trayectoria en el universo del vino, Carlos Esteva continúa distinguiéndose por su amplia cultura en este sector –ha sido nominado titular de la prestigiosa Académie Internationale du Vin– y por su capacidad para diversificarse: no conforme con haber creado una veintena de referencias en Can Ràfols dels Caus –entre vinos y cavas–, ha impulsado otros proyectos como Mas Oller, en el Empordà, y Can Camps, una pequeña finca situada en pleno Parque Natural de Garraf.

El valor del Terroir

Los vinos de Can Ràfols dels Caus proceden de una tierra que no se parece a ninguna otra: el Massís del Garraf, un paisaje totalmente original y único en toda Cataluña.

Geográficamente se trata de una gran masa calcárea perteneciente al extremo meridional de la sierra del Litoral y limitada por los llanos del Penedès y el mar Mediterráneo.

Es un paisaje de austera belleza, formado por una sucesión de colinas redondeadas -algunas ascienden a más de 500 metros de altitud- , surcadas por valles profundos y vertientes escarpadas, dejando a la vista paredes rocosas de color gris blanquecino. Esta orografía limita mucho la cantidad de tierra cultivable.

El suelo

Es poco profundo, a veces solo llega a 40 cm, donde aflora la roca madre formada por estratos de calizas dolomíticas, que se componen de carbonato cálcico y magnésico y una gran riqueza en microelementos  y minerales absorbibles por la planta, los cuales conferirán una mayor personalidad al vino. Es interesante notar que el material calcáreo domina en las zonas productoras de grandes vinos, bien perfilados, que tienen un carácter muy acusado, conservan bien la acidez y están dotados de un gran potencial de envejecimiento.

Estas rocas, sometidas a la acción del agua y el aire propician la formación de procesos de erosión de tipo cárstico, dando lugar a numerosas simas, cuevas, madrigueras e infinidad de tarteras.  Los restos de fósiles marinos que aparecen en algunas parcelas, como La Calma o El Rocallís, recuerdan que hace unos 20 millones de años toda esta zona formó parte del lecho marino.

El clima

El Macizo del Garraf tiene un mesoclima muy particular. Las precipitaciones son escasas, de unos 350 litros/m² en período de vegetación.

Los días con mucha insolación son calurosos, pero el efecto termorregulador del mar, a unos 15 km de distancia, visible desde las parcelas más altas, provoca la presencia de brisas marinas que, a partir del mediodía, refrescan y permiten que las plantas completen el ciclo vegetativo con una maduración de la uva más prolongada, favoreciendo la concentración de azúcares y la madurez polifenólica. Todo esto deriva en el desarrollo de moléculas aromáticas más fragantes y sutiles.

La vegetación

En estos suelos, áridos y rocosos, perviven especies bajas de matorral y plantas aromáticas (tomillo, romero, ajedrea, té de roca). De allí proviene, sin duda, el carácter mineral y las notas de hierbas mediterráneas de los vinos de Can Ràfols dels Caus, donde las viñas se esfuerzan por sobrevivir en un terreno en el que las raíces deben penetrar entre las grietas de la roca para obtener el agua y los nutrientes. 

En un mosaico de maquias y garrigas, con plantas de procedencia africana, completan la vegetación de la zona el margalló (palmito), especie endémica y protegida del Garraf, encinas y robles, y algunos árboles de ribera, que aparecen en los lugares más húmedos.

La mano del hombre ha aportado los cultivos de olivos, almendros y viñedos, que se encaraman desde las cañadas hasta las faldas de las colinas, coronando un paisaje de inusual belleza.

La viña

La finca de Can Ràfols dels Caus se sitúa a unos 300 metros de altitud, entre los valles delimitados por dos torrentes, con los viñedos escalonados sobre las pendientes. La propiedad original cuenta con unas 450 hectáreas, a las que hay que sumar 250 hectáreas adquiridas recientemente para evitar el desarrollo de una cantera de piedra que suponía una seria amenaza para el equilibrio medioambiental de esta zona del Garraf, donde perviven unas viñas muy viejas, salvadas de convertirse en polvo de cemento por la firme voluntad de Carlos Esteva.

El viñedo, fragmentado en pequeñas parcelas, ocupa  unas 90 hectáreas de terreno, donde se cultiva un auténtico crisol ampelográfico: nada menos que 28 variedades de uva. El inquieto carácter de Carlos Esteva, y su afán por experimentar con un amplio catálogo de variedades, le ha llevado a introducir en el Garraf  algunas uvas que nunca se habían cultivado en nuestro país, como Chenin blanc e Incrocio Manzoni.

En la actualidad, estas variedades conviven en Can Ràfols dels Caus con otras de origen autóctono, como las blancas Xarel·lo y Macabeo, o la tinta Sumoll, junto a una larga selección de varietales foráneos: Chardonnay, Sauvignon blanc, Roussane, Merlot, Cabernet franc, Pinot noir o Cabernet sauvignon.

Conscientes de que los buenos vinos sólo pueden proceder de buenas uvas, de viñas equilibradas en las que los rendimientos permiten alcanzar la madurez adecuada, se pone un gran empeño en dejar que la naturaleza siga su curso, prescindiendo de productos químicos, utilizando tan sólo abonos orgánicos, vendimiando a mano cada cepa y respetando las fermentaciones espontáneas, sin adición de levaduras seleccionadas, con el fin de obtener el mejor vino.